Posted by: dompaso | January 9, 2010

EL JARDIN ENCANTADO (Segunda parte)

Si aún no has leído la primera parte la tienes aquí

 

El día empezó a despuntar y todas las plantas y la Ninfa en su fuente entraron en un largo y cálido letargo hasta la noche siguiente.

Cuando la oscuridad de la noche tendió su manto, empezaron los comentarios sobre la nueva adquisición de Ninfa. Pero mientras tanto el bello magnolio no dejaba de pensar la forma de poder liberarse de semejante cautiverio.

-Oye rosal, nunca habéis hecho nada por salir de aquí

-Tú eres el nuevo, no ves que es imposible liberarse

-Tendremos que hacer algo

-No te hagas mala salvia  y confórmate con tu suerte

-¿Qué fue lo que le hicieron a Ninfa, para que nos odiara tanto?

-Según cuentan las plantas más antiguas, ella se enamoró locamente de un humano y éste la traicionó yéndose con otra humana, dejándola sumida en una gran tristeza y un gran odio en su alma

-Tenemos que pensar, no podemos resignarnos a estar enraizados a la tierra para el resto de nuestras vidas

-Ya te irás conformando con tu suerte, aquí solo necesitamos agua y sol, la tierra hace lo demás

-¿Has dicho agua?

-Naturalmente, tú has visto algo que viva sin agua

-Ya se que todo ser vivo necesita el agua para vivir. Pero eso me da una gran idea

-¿Qué idea te da el agua?

-Si nos negamos a recibir el agua podríamos conseguir la libertad por parte de Ninfa

-¡Estás loco! Cómo vamos a negarnos a recibir el agua, además si lo hiciéramos moriríamos

-Si contraemos nuestras raíces el agua no penetrara en nuestras ramas y  nos marchitaremos

-Tu no tienes las raíces muy en la tierra ¿Qué adelantamos dejándonos  morir de sed?

-No llegaríamos al extremo de secarnos, solo el de marchitarnos

-Pero eso debe de doler ¿Y si alguna planta llega a enfermar?

-Ninguna guerra se gana sin bajas

-Vuelvo a decir que es muy peligroso

-Para qué queréis seguir teniendo lozanas tus ramas y que tú savia corra dentro de ti ¡Eso no es vida!

-Quizás tengas razón pero cómo vas a convencer a todos los demás

-Haremos correr el boca a boca o mejor dicho la rama a rama

-¿Crees que funcionara?

-Hay que intentarlo, rosal.

Las noches siguientes fue un ir y venir de comentarios entre las plantas, los cuchicheos a la vez que el asombro iba de hoja en hoja. De todas las plantas lo más esperanzados eran la mata de jacintos, estaban dispuestos a secundar la huelga de agua, eran conocedores del peligro que corrían, pero el poder volver a su estado a su estado normal era superior al miedo. En la noche de luna llena todos llegaron a un acuerdo menos la hiedra  que crecía al lado de la fuente de Ninfa.

A partir del día siguiente todos a excepción  de la hiedra  empezaron su peligrosa huelga .Los primeros días fueron soportables, pero poco a poco empezaron los calambres en los tallos, la languidez de sus hojas y el decaimiento general. La hiedra, muy ufana, reverberaba sobre todas las demás plantas

-¿Qué, Jacintos, creéis  que vais a resistir mucho más?

-Hasta la muerte. Y tú, traidor, qué piensas conseguir saboteando la huelga

-Mi salvación

-Cuando todos nos sequemos quedaras totalmente solo a merced de Ninfa

-No, ella me perdonara por haberle sido fiel.

Cuando Ninfa empezó a darse cuenta de que sus hermosas plantas languidecían, no daba crédito a lo que estaba pasando. ¿Por qué todas enfermaban menos la hiedra? La tristeza del jardín iba haciendo mella  en todo lo que allí había, los pájaros ya no cantaban, las fuentes en vez de sus melodías cantarinas, desgranaban tristes notas musicales. Mientras el astro sol seguía abrasando toda la vegetación. Aquella tristeza hizo mella en Ninfa. No había vuelto a salir a por más víctimas, se sentía cansada y una gran tristeza empezó a inundar su alma inmortal.

Aquella noche cuando paseaba entre las hojas secas que iban cayendo  con una muerte lenta, tocaba y miraba las matas antes bellas y relucientes ahora marchitas

-Hiedra, ¿por qué tú no te marchitas como las demás plantas?

-Ninfa yo soy el único que te soy fiel

-¿Fiel en que?

-Todos están haciendo una huelga de ramas caídas, no beben para que tú les concedas la libertad

-¿Qué estupidez estás diciendo? ¿Cómo es que no beben?

-Cierran sus raíces para no recibir el agua y así llegar a secarse

-¡Son estúpidos!.Malditos seáis todos.¿Como os atrevéis a desafiarme estropeando mi jardín?

-Pero Ninfa, no te enojes conmigo, yo te soy fiel.

-Cállate Hiedra y deja ya de repetir la palabra fiel, si hay algo que los hombres no podéis es ser fieles.

Los días seguían pasando y la situación era crítica, el estado de las plantas caótico, uno de los Jacintos empezó a entrar en una fase crítica, su savia ya no corría casi por sus ramitas, sus flores estaban todas secas, su belleza había desaparecido, su voz sonó entrecortada.

-No resisto más, voy a morir

-No digas eso amigo, tienes que aguantar

-No puedo más, seré la primera víctima de esta batalla, pero no tireis las hojas, seguid luchando y alcanzareis…..la libertad.

Dicho esto exhaló la última gota de savia y sus pocas existentes  hojas dejaron de respirar.La noticia corrió como reguero de pólvora y el desaliento empezó hacer mella en todas las plantas. Los otros Jacintos lloraban desconsoladamente.De pronto uno de los Jacintos gritó con las pocas fuerzas que le quedaban.

-No podemos rendirnos, él ha dado su vida por nuestra libertad.

-Eso es cierto.-  corearon todos a la vez.

De repente sonó una voz cálida pero contundente; había tomado la palabra un Laurel cuyas ramas grandes languidecían hacia el suelo.

-Rendirnos nunca pero habrá que tomar otra estrategia .

-¿Tienes alguna idea? – preguntó uno de los gladiolos.

-Al fin tu eres el más antiguo, has tenido mucho tiempo para pensar.

-Ninfa no tiene ni una pizca de caridad y si seguimos así nos dejará morir.

-Pero acaso ¿Es justo que porque a ella la traicionara un humano, tenga este    comportamiento con todos nosotros?

-El odio anida dentro de ella-comentó un nardo marchito y decaído.

-Pero dinos Laurel ¿Qué has pensado que podemos hacer?

-Acabar con ella, antes que  ella lo haga con nosotros.

-Pero eso es cruel, a la vez que imposible- sentenció el bello magnolio.

-¿De qué crueldad hablas? Es una vida a cambio de muchas.

-Pero podríamos esperar haber si se compadece.

-La compasión no anida dentro de Ninfa- sentenció el Laurel.

-Pero como vamos a atentar contra ella si estamos sujetos a la tierra por estas raíces.

-Dejadme pensar, algo se me ocurrirá.

El amanecer empezó a despuntar y Ninfa volvió a tornarse en estatua de piedra erguida en medio de su fuente. El día fue caluroso y muy largo… A todas las plantas les faltaba fuerza, su vida se iba extinguiendo lentamente, todas menos la Hiedra que tenía todo su verdor y vigor.La noche siguiente Ninfa estaba furiosa y la ira se reflejaba en sus bellos y duros ojos. Desde el medio del jardín chilló amenazadoramente.

-¿Queréis morir? Pues sabéis que vosotros os secaréis y yo os reemplazaré por otros hombres y al que se subleve como vosotros, lo arrancaré de raíz. ¡Estúpidos humanos! Nadie puede con Ninfa.

Toda ella desprendía odio y su rostro se ensombrecía de cólera, disminuyendo su gran belleza.

Las plantas no tenían fuerza ni para protestar, sólo Hiedra habló.

-Pero Ninfa, a mi no me tendrás que cortar de raíz, porque vuelvo a decirte que te soy fiel y lo seré siempre.

-No vuelvas a repetir esa palabra, ninguno conocéis su significado. Tú además eres un cobarde.

Una especie de subidon térmico se apoderó de Hiedra y sus hojas empezaron a sudar. Ninfa salía del jardín con ánimo de encontrar nuevas presas

Unos crisantemos empezaron a llorar al ver que el Laurel, que era su esperanza, doblaba sus troncos hacia la tierra con gran debilidad

El día empezaba a amanecer y Ninfa apareció sin presa alguna, sin mediar palabra se situó en su pedestal volviendo a su estado natural.

Mientras tanto la Hiedra iba creciendo en furor y odio. Decirle eso a él que había sido el único en apoyarla, …desagradecida mala pécora … El veneno del odio hacía que sus ramas crecieran con toda rapidez, poco a poco fue rodeando la estatua de Ninfa sus ramas iban enganchándose  en su cuerpo subiendo desde sus piernas hasta la cintura alcanzando su pecho y llegando a su esbelto cuello. Cuando la noche llego y Ninfa volvió a su estado humano, comprobó que no podía moverse.

-Suéltame de inmediato, maldita Hiedra.

-Ahora eres tú la que no estás en condiciones de dar órdenes.

-Que me sueltes, hijo de mala hierba.

La Hiedra sintió que sus ramas querían estrangular a Ninfa, su odio guiaba todos sus movimientos.

-¡Ayudadme, plantas del jardín!

-Ninfa, nosotros no tenemos fuerzas para nada y sentimos que todos vayamos a tener un final tan triste.-comentó el Magnolio- pero tú y tu odio nos ha llevado a todos a este final .

La Hiedra seguía apretando sus ramas sobre la garganta de Ninfa hasta que esta dejó caer su cabeza asfixiada por su propio odio. Al morir Ninfa todos empezaron a tener su aspecto normal y volvieron a su condición de humanos… Bueno, todos no. Hiedra con el esfuerzo de desplegar sus ramas se había desenraizado de la tierra muriendo casi al mismo tiempo que Ninfa. Y es que el “Odio” siempre se vuelve contra aquel que lo acoge en su seno.

Los hombres de aquel jardín aprendieron una gran lección. Que la fidelidad es algo muy grande trasladado a todos los terrenos de la vida y el “ODIO” mata a quien lo posee.

Pilar.

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Responses

  1. Precioso. Una magnifica historia con moraleja y todo como las de antes.
    Un beso.


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